Jardín de Santos, un pequeño botánico con laberinto en Penáguila (Alicante)

jManuel

En la vertiente oeste de la Sierra de Aitana y a algo más de 600 metros de altitud se encuentra la localidad alicantina de Penáguila, un pequeño pueblo mediterráneo que por su ubicación soporta temperaturas bastante extremas. De la población sale un camino de cipreses que conduce a un recinto amurallado en el que descubriremos un bello jardín monumental con más de cien años de historia.


Durante los siglos XV y XVI, Penáguila formaba parte de un señorío. Cuando el régimen señorial fue abolido por la constitución de 1827, la población pasó a formar parte de la corona y Penáguila se convirtió en villa real con derecho a voto en las cortes. Eran tiempos de prosperidad para este pequeño municipio y florecían en él las bellas artes y los jardines.


Joaquín Rico i Soler, nacido en una familia acomodada, había recibido una buena educación. En 1842, después de cursar sus estudios de Derecho en Valencia, regresó a su pueblo natal con la idea de crear un jardín en una partida de terreno agrario que su familia poseía en el campo. Con ayuda de su amigo pintor Antonio Carrera, realizó un diseño neoclásico, con influencias de Aranjuez, La Granja de San Ildefonso y otros jardines andaluces que habían conocido en sus viajes.

Miguel del Rey

El jardín de la partida de "Santos" (de ahí su nombre) apenas llega a los 2.700 metros cuadrados, pero está ubicado en un entorno de particular belleza en la ladera de una montaña rodeado de naturaleza exuberante y con vistas a un valle agrario productivo. La gran inversión de recursos económicos, la abundancia de agua, los conocimientos botánicos y el amor a la naturaleza de sus creadores forjaron uno de los jardines valencianos más bonitos que se pueden visitar. Los trabajos encaminados a transformar el paisaje comenzaron con la canalización de las aguas que permitirían la formación y mantenimiento del jardín. A mi me recuerdan mucho a los Jardines de Monforte, que se construyeron en la misma época y tienen el mismo aire romántico y monumental.


Al jardín de Santos se llega caminando desde el pueblo, por un sendero de tierra flanqueado por cipreses. La entrada a la finca se hace atravesando una gran puerta de sillería con cancela de hierro y tras dar algunos pasos más llegamos a la casa, situada a la izquierda del camino y pintada en azul añil típicamente valenciano. Junto a ella está la entrada al jardín rodeado por muros y compuesto por zonas a distintas alturas. En el recorrido encontramos elementos de tres estilos diferente: el árabe de los jardines andaluces con rejas de forja y alberca de riego; el renacentista con motivos centrales ornamentales, estatuas, urnas y surtidores; y el romántico en la pérgola, el bosque con senderos sinuosos, el laberinto y la gruta.


La masa vegetal es principalmente autóctona, aunque también encontramos especies vegetales exótica de difícil aclimatación al riguroso clima del lugar. Predomina el ciprés común, ejemplares aislados de considerable embergadura como otros de tamaño contenido recortados para formar setos. También hay otros árboles de gran porte que por su edad están muy cerca de convertirse en monumentales: abeto, castaño de Indias, magnolio, palmera canaria, tejo, cedro del Líbano, pino Pinsapo, etc. Entre los arbustos hay magnolios, durillos, acebos, peonias y algunas especies más.


Caminar por los caminos adoquinados, bajo la pérgola junto al muro o rodeando la alberca es un placer. En el invernadero hay una bonita colección de orquídeas exóticas y autóctonas. Unos metros más allá de esta sencilla construcción encontramos el bosque, en cuya entrada nos recibe un enorme tejo y que podemos recorrer siguiendo un trazado caprichoso bordeado por setos de pitosporo. 


En este singular edén vegetal no falta el laberinto que en los jardines renacentistas ya se construían para entretener con juegos a los visitantes. Hay quien también encuentra cierto contenido espiritual en ellos: unos les otorgan cierto carácter romántico y los relaciona con la búsqueda del amor, otros ven en ellos la representación de la sabiduría que se encuentra tras un largo viaje. Son muchas y variopintas las teorías que definen la razón de estas construcciones verdes, aunque yo me quedo con la primera: pura diversión.

El jardín es una finca de recreo que vale la pena visitar y aconsejo hacerlo a todos los que sea cerquen por la zona. El acceso es fácil, está bien señalizado en cuanto te acercas al pueblo, y el recorrido es cómodo con zonas para sentarse y descansar a cada tanto. En las inmediaciones hay un área recreativa con barbacoas y mesas de picnic donde almorzar y para los niños hay una estupenda zona de juegos.

Baseksek

El Jardín de Santos está abierto al público los sábados, domingos y festivos; con dos horarios diferentes:

Verano (del 1 de mayo al 30 de octubre): 11:00-14:00 y 18:00-20:00 horas
Verano (del 1 de noviembre al 31 de abril): 11:00-14:00 y 16:00-18:00 horas

Puedes ampliar información en la web del ayuntamiento de Penáguila.


2 comentarios

  1. Monica, te puedes creer que he estado infinidad de veces en Penáguila, comiendo, comprando embutido casero, paseando por el pueblo y nunca me enteré de estos jardines, ¡¡que fuerte!! De esto hace ya algunos años porque la última vez más o menos que estuve puede que haga de 7 a 8 años. ¡No me lo puedo creer! así que no tengo más remedio que ir un fin de semana.
    Agradecido por tu información.
    Un fuerte abrazo

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  2. No tienes escusa! Pero quizás mejor planearlo de cara al buen tiempo. En primavera estará espectacular.
    Un abrazo

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