Sorolla. Un jardín para pintar


En casa no damos por concluidas las fiestas navideñas hasta que finaliza la comida del día de Reyes y desaparece de la mesa hasta la última migaja del roscón. Es un día lleno de emociones, los más pequeños descubren sus regalos y a los mayores se nos pinta una sonrisa de oreja a oreja contemplando sus caras de ilusión y alegría. Una vez pasado ese momento, comienza otra vez la rutina de un nuevo año: la vuelta a las clases, al trabajo, levantarse temprano para cumplir con las obligaciones diarias, etc. Pero no entendamos rutina como monotonía, la vida conlleva hábitos y practicas repetidas, aunque ningún día es igual al anterior.


Entre nuestras actividades navideñas hemos tenido ocasión de visitar la exposición Sorolla. Un jardín para pintar, una colección de cuadros y objetos personales del pintor valenciano que muestra su intensa pasión por los jardines. Llama la atención descubrir los mismos rincones de su propio jardín en Madrid pintados una y otra vez, en todas y cada una de las estaciones del año, con luces y colores diferentes, desde el mismo punto de vista o desde distintos lugares, vacío o con escenas familiares y amigos. Siempre el mismo jardín, pero nunca igual. Eso a Sorolla le fascinaba y quien -como nosotros- cuida un jardín, se siente muy cercano al pintor. Os aseguro que nunca había disfrutado tanto con una exposición de este tipo.

En Un jardín para pintar descubrimos gran parte de los cuadros que el pintor hizo sobre jardines. La gran pasión que sentía por la Alhambra de Granada o los Reales Alcázares de Sevilla, y la influencia que ambos tuvieron en el diseño del jardín de su hogar en Madrid. Descubrimos también la faceta de Sorolla como jardinero, quien a lo largo de sus últimos años, en medio de los esfuerzos que le exige la realización del gran encargo de los murales de Visión de España para la Hispanic Society de Nueva York, encuentra el tiempo para pensar un jardín, trazarlo, plantarlo, cultivarlo y sentarse a disfrutarlo pintándolo: un Sorolla a la vez pintor y jardinero, como lo fueron otros pintores de su tiempo.

La exposición pretende también llamar la atención sobre los aspectos específicamente botánicos del jardín, que son los que le prestan todo aquello que Sorolla más estimaba: color, variedad, movimiento, vida. Entre muchas cartas manuscritas del pintor a su esposa podemos leer una en la que le cuenta que visitando Andalucía encontró una fuente perfecta para su jardín, que se la vendieron a cambio de unos dibujos y que en su próxima vuelta a casa la lleva. Es esa pequeña fuente de pie que preside el primer jardín.


La naturaleza tiene mucha importancia en el conjunto de la obra de Sorolla. Son muy numerosas las pinturas en las que delante del caballete capta las sensaciones cromáticas del escenario natural que observa. El tema del jardín está presente en su pintura, pero también en su vida. En su "paraíso doméstico", como él mismo llamaba a su hogar madrileño, creó un vergel urbano con diferentes espacios y funciones, así como elementos constructivos: fuentes, esculturas, azulejos, etc.

Hubo un momento clave que influyó en la idea de tener un jardín propio en su casa. Fue en el año 1907, después de pasar un verano en La Granja de San Ildefonso, en Segovia. El calor estival hizo que los jardines estuvieran radiantes, rodeando a las personas de un cierto bienestar y felicidad, lo que produjo en el artista un influjo que generó que sus pinturas se llenaran de una luz y color diferentes.

Coincidiendo con la 8ª semana D-Capacidad, la Fundación Bancaja invitó a personas con discapacidad funcional de 12 centros de Valencia a trabajar sobre la obra de Sorolla Jardín de la casa Sorolla de 1919. Con ella se trabaja un ejercicio de imaginación realizando doce versiones diferentes en las que se representan cada uno de los meses del año. Las distintas interpretaciones dan la oportunidad de observar el jardín de la casa de Sorolla durante todo un año, reflejando los cambios de matices de color, luz e intensidad. Son los de la siguiente fotografía.


La muestra también permite contemplar bocetos hechos a mano por Sorolla con el trazado de los arriates que el arquitecto plasmaría en los planos de construcción, o dibujos con formas abstractas y colores que indicarían al jardinero como debían ser las masas, el volumen y el color de la vegetación. Muchas de las plantas las traería él mismo de sus viajes a Andalucía o Valencia, como los geranios, los iris o las adelfas que abundan en sus obras.

Procedentes de diferentes museos, fundaciones y colecciones personales, este conjunto de obras ha itinerado por diversas ciudades españolas hasta llegar, este invierno, a Valencia. La exposición incorpora aquí obras inspiradas en jardines Valencianos. Una vez pasada la antesala de la exposición ya no se pueden tomar fotografías, pero la fundación Bancaja puso a nuestra disposición su álbum en flickr para que compartiéramos la muestra. Espero que este breve recorrido entre fabulosos jardines pintados os guste tanto como a nosotras.


Se puede visitar hasta el próximo 19 de marzo, la muestra es magnífica y la entrada gratuita. Si vives en Valencia o piensas acercarte a mi ciudad en estas fechas, no puedes dejarlo pasar. A mi, personalmente, me emocionó muchísimo.

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2 comentarios

  1. !Que suerte disfrutar de una esta exposición de Sorolla a la puerta de casa! Es uno de mis pintores preferidos y yo creo que en este país nunca se le ha apreciado lo suficiente.
    Gracias por las fotos y la información.
    Saludos

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    Respuestas
    1. Gracias Jose Antonio. Lo mío es pasión y no me pierdo nada. Yo creo que se le aprecia bastante, los principales museos y colecciones privadas aportan sorollas a estas muestras. Y al menos aquí, en Valencia, cuando hay alguna exposición de Sorolla, las colas son enormes. Aunque puede que sea la apreciación de una "enamorada". :-)

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