Breve historia del olivo, árbol y símbolo de la cultura mediterránea


Es imposible imaginar un jardín mediterráneo y no evocar la imagen de un olivo, un árbol íntimamente ligado a nuestra cultura. Los olivos nos rodean y son la mejor de las compañías: en el campo, el los jardines y hasta en nuestras mesas, donde el jugo de sus frutos adquiere la categoría de oro líquido. Pero no solo el paladar sabe disfrutar del aceite de oliva, también se emplea para la elaboración de otros productos que proporcionan bienestar a nuestro cuerpo: aceite acalórico, jabón, crema hidratante, etc., y además forma parte de la composición de algunos medicamentos.



El lugar en que el olivo apareció sobre la faz de la tierra es algo que se desconoce a ciencia cierta, algunos expertos opinan que son originarios de Siria, otros los sitúan en Afganistán y hay quien amplía la zona a todo el sur del Caúcaso. El momento en que surgió también es incierto, restos fósiles extraídos en Grecia desvelan que el olivo ya poblaba aquellas tierras durante el Paleolítico, unos 35.000 años a.e.c. Es, por tanto, una de las especies arbóreas más antiguas conocidas.


El Olea sylvestris, de nombre común olivo silvestre o acebuche, fue una de las primeras variedades de olivo que aparecieron en el área mediterránea, ya existía antes de que se expandiera el Olea europea, la variedad de cultivo. Muchas referencias documentales indican que los Fenicios fueron uno de los primeros pueblos que cultivaron el olivo y comerciaron con sus frutos. En la antigua Grecia, el olivo comenzó a cultivarse en la isla de Creta y frescos encontrados en la isla de Santorini evidencian la importancia económica que este árbol constituía para el pueblo griego.


El cultivo del olivo y el comercio del aceite con Egipto y otros pueblos, estableció el origen de las primeras rutas comerciales por el mar Mediterráneo y la expansión de los olivares por toda la cuenca del Mare Nostrum.  El árbol llegó a la península Ibérica de mano del pueblo Fenicio, mil años antes de nuestra era, y las relaciones económicas con Grecia hizo que su cultivó se multiplicase durante los siguientes siglos.


Con la ocupación romana de la Península Ibérica, los olivares se extendieron por todas las regiones cálidas de nuestro territorio y los grandes avances en el conocimiento del cultivo olivo se deben en esta época. Los centros de producción de aceite en Hispania eran numerosos y el río Guadalquivir se constituyó en enclave de la exportación del preciado líquido a diversos lugares del Imperio.

España es en la actualidad uno de los pocos reductos de olivos milenarios que quedan en la Tierra y el Bajo Maestrazgo, al norte de Castellón, la región donde hay mayor concentración de ejemplares singulares, con más de 4.800 árboles catalogados y protegidos. A pesar del grave expolio que provocó la moda de plantar olivos centenarios en jardines y rotondas, el paisaje de esta comarca se conserva, para sorpresa y deleite de sus visitantes.


Si quieres disfrutar de la belleza que proporciona a un olivo miles de años de vida, lo mejor es que vayas a visitarlos al lugar donde hunden sus raíces. Si quieres un olivo, compra uno joven o planta una semilla y ármate de paciencia, es un árbol que crece despacio pero en el jardín es hermoso, rústico y resistente a las enfermedades. 

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6 comentarios

  1. Una entrada magnífica per un arbre magnífic. Enhorabona

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    1. Muchísimas gracias, me alegra que te haya gustado.

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  2. Conocía la historia del olivo, algo escribí sobre él ¡pero lo has contado tan bonito, que me ha encantado!
    Muchos besos.

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    1. Gracias Montse. Me dices unas cosas que me dan ganas de escribir más y más :-)
      A mi también me encanta leerte.
      Un beso.

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  3. Me parece una manera mjuyy bonita de ensalzar a este árbol tan Mediterraneo. Me ha encantado tu entrada.

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  4. Oro vegetal, del olivo se aprovecha todo. Me encanta la cultura del olivo, sus diferentes variedades y usos. Y me rechifla el olor característico de una almazara... Pasear por un valle de olivos en época de cosecha es una experiencia única.

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