El arte floral japonés y los crisantemos: los estilos imperiales


Volvemos a hablar de crisantemos, las flores protagonistas de noviembre, cargadas de simbolismos y significados diferentes en las distintas culturas. Aquí, en España, es tradición utilizarlos como ofrenda floral en el Día de Todos los Santos y aunque muchos le dan un significado fúnebre, lo cierto es que un alegre homenaje a personas que viven en nuestro corazón..., y eso es bonito. 


El arte floral japonés con crisantemos produce auténticas obras maestras


Pero si hay un país que siente absoluta veneración por los crisantemos, ese es Japón, donde esta flor es el emblema del país. Llegó al país del sol naciente procedente de China en el siglo VIII y fue adoptado como símbolo por la familia imperial. Se utiliza en multitud de arreglos florales y son muchas las técnicas empleadas en su cultivo, pero entre ellas hay cuatro muy exclusivas, llamadas de estilo imperial porque se desarrollaron para homenajear al emperador Meiji en el día de su aniversario.


Mutsuhito, conocido por su nombre póstumo como Meiji Tennō, reinó desde 1867 hasta su muerte en 1912. Cuando llegó al poder, Japón era un país aislado, preindustrial y feudal que bajo su mandato experimentó una revolución política, industrial y social sin precedentes, transformando al país en una potencial mundial.

El 3 de noviembre los japoneses celebraban la fiesta de aniversario de su emperador y le dedicaban todo tipo de presentes, entre ellos las flores más hermosas presentadas de las formas más espectaculares posibles. Los jardineros de Shinjuku Gyoen, por entonces jardín imperial, recibieron el encargo de elaborar unas composiciones florales dignas de su emperador y así, combinando sabiduría y arte, diseñaron cuatro estilos diferentes, todos ellos sensacionales.

Ogiku


Ogiku es un diseño en el que varias plantas, con un solo tallo y una única flor en su extremo, se disponen formando una alineación perfecta en altura descendente. La composición se hace de manera que las diagonales son franjas de tres únicos tonos: lavanda, blanco y amarillos, los colores de la montura de gala del emperador.


Kengai


Los crisantemos cultivados siguiendo este estilo se guían de tal manera que cuando los capullos se abren, la planta parece una cascada de flores. Cuando la planta es todavía joven se engancha a un tutor que se irá inclinando gradualmente, durante meses, hasta conseguir la forma deseada.


Shino-tsukuri


Esta técnica evoca una lluvia torrencial y el fluir del agua sobre pendientes suaves. Para conseguir el efecto se emplean dos plantas de crisantemo por composición, haciendo que la de atrás crezca más alta y con más cantidad de flores que la de delante. En las exposiciones se colocan varios grupos juntos para que el efecto sea más llamativo.

Ozukuri


Una sola planta de crisantemo se cultiva de forma intensa durante más de un año para que alcance un tamaño gigante y produzca el mayor número de flores posible. Personalmente es el estilo que encuentro más espectacular y le dediqué un artículo exhaustivo hace unos días.



Ya comenté cuando hablamos del Ozukuri con más detalle que yo no soy especialmente fan de estas técnicas, me parecen rígidas y artificiales, pero sin duda todas tienen su mérito. Yo prefiero composiciones más sencillas y con menos variedad de colores, algo más discreto. En Japón, el arte del crisantemo es una tradición ancestral y realizan multitud de figuras y composiciones diferentes con ellos, algo parecido a lo que en los jardines europeos hacemos con la topiaria.

Imágenes: Eddie Crimmins, NYBG, pixabay

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6 comentarios

  1. Impresionante, me encanta la pasión y como trabajan los japones de bien el crisantemo. Un abrazo amiga

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  2. Me encantaaaaaaaaa, que maravilla, muchas gracias Monica. Un enorme besin.

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  3. ¡Ohhh, qué maravilla! Eso si que son unas buenas matas de crisantemos y no mis dos macetas, jeje.
    Al ser su flor nacional es lógico que sepan como hacer esas ornamentaciones y es admirable el trabajo que realizan.
    Un beso grande.

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    1. Pues a mi me encantan tus macetas, Montse!
      Un beso.

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