Gourdon, una pequeña villa provenzal con larga historia y paisajes espléndidos


Como tantos pueblos del sur de Francia, Gourdon ha sido escenario de alguna que otra película y es que su entorno, bello de por sí, está tan bien cuidado que un paseo por sus calles te transporta a una pequeña y rudimentaria villa medieval. Aquí vivían y trabajaban hace cientos de años pasteleros, perfumistas, herreros, curtidores, sopladores de vidrio, etc., trabajadores que conseguían su sustento trabajando para el señor del castillo, el que domina el alto risco sobre el que está construido y cuyos cimientos fueron la base de una fortaleza sarracena en la Alta Edad Media.


Del castillo hay mucho que contar, sobre todo de los jardines que recorrí durante algo más de media en una visita guiada. Del perfecto francés que escuchaba conseguí descifrar algunas cosas, nuestro guía se refería a las plantas por sus nombres científicos y algunos términos me sonaban familiares: potager, herbe medicinale, jardin méditerranéen, etc. Por fortuna, también realizaban el recorrido un grupo de chavales jóvenes que disiparon algunas de mis dudas en inglés.

Estos jardines, diseñados por el paisajista André le Nôtre en el siglo XVII, se merecen un artículo a parte, hoy os traigo fotos de la pequeña ciudad y su maravilloso entorno con vistas no aptas para acrofóbicos, ¡toma palabro!, con miedo a las alturas. Conste que la palabra la acabo de descubrir. 


A 1335 metros de altitud, la ciudad de Gourdon constituye el típico pueblo feudal, con una sola entrada que dirige a la calle principal y nos lleva hasta la explanada donde está el acceso al castillo. Alrededor todo son calles estrechas y cortas, casas pequeñas con gruesos muros de piedra y unos altas murallas en el lado norte, el único punto por el que el pueblo podría ser abordado.

Desde la plaza de la villa, hay una vista panorámica de sobre la Costa Azul y se divisan las principales ciudades de la Riviera Francesa: Nizza, la Bahía de Cannes, el Cabo de Antibes, Saint-Tropez. El nuestro no fue un día especialmente nítido, pero a pesar de la bruma el paisaje era asombroso.


Fue en Gourdon, donde pudimos alimentar el gusanillo de pasear junto a las lavandas y tomar algunas fotos. Ya nos habían avisado en Grasse: las fechas no eran idóneas y la mayoría de los campos estaban cosechados, tan solo había posibilidades de encontrar flores en alguna zona de la montaña. Así fue. Bajando pocos kilómetros por una carretera serpenteante que llega al valle del río Loup descubrimos un sendero bordeado de lavandas en flor que, a pesar de estar ya algo secas, llenaban el aire con su aroma haciendo las delicias de insectos y humanos :-)


Espero que os gusten las fotos, aunque no hacen justicia a la realidad del lugar, o al menos, a las sensaciones que yo me traje de aquella segunda excursión por la Provenza y donde algún día me encantaría volver. Si te perdiste la anterior: Grasse, capital mundial del perfume, la puedes ver en este enlace.

Relacionado

6 comentarios

  1. Fabulosas fotos Monica y el lugar precioso, me encanta como nos sorprendes. André le Notre fue uno de los importantes paisajisrtas de la época. Ahora es fácil saber el motivo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Raúl. Me alegra que te guste y sí, le Notre es uno de los grandes paisajistas de la historia.
      Un abrazo!

      Eliminar
  2. Las fotos son espectaculares Monica y el lugar sin duda muy bonito. Me gusta casi todo lo que veo, la escultura no tanto jajajaaa, le sobran patas. Un beso enorme.

    ResponderEliminar
  3. Precioso este pueblo, es un encanto tanto en sus calles como por los alrededores ¡y qué fotos tan bonitas has hecho! me gustan todas, pero las últimas de las lavandas y la mariposa las que más.
    Un beso grande.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Montse, las lavandas estaban llenas de insectos polinizadores. Precioso!

      Eliminar

Puedes comentar o sugerir cualquier cosa, procuraré contestar lo antes posible.

Gracias!

Instagram @guiadejardin

Archivo del blog

Subscribe