Rosa filipes Kiftsgate, el rosal "asesino" :-)


La rosa filipes 'Kiftsgate' es la planta estrella de Kiftsgate Court, el maravilloso jardín en los Costwolds del que os hablaba en la entrada de ayer. Allí es donde se observó por primera vez este cultivar que data de 1938 y aunque se desconoce cómo se originó o cómo llegó hasta allí, el botánico inglés Graham Stuart Thomas le otorgó este nombre en 1952, en dedicatoria al jardín donde fue hallada. 


Rosa filipes 'Kiftsgate', un rosal monstruosamente bello y a los testimonios me remito


Para conocer un poco mejor este cultivar hay que saber que es una variedad de la especie tipo Rosa filipes, una rosa china introducido en Europa por los botánicos y exploradores británicos Ernest Henry Wilson y Alfred Rehder hacia 1915, después de descubrir el arbusto en una de sus expediciones a China formando matorrales en los bordes de los caminos y carreteras de algunas regiones del país. 


Rosa filipes es un arbusto de hoja caduca y porte trepador que puede alcanzar entre 5 y 9 metros de altura. Las flores son blancas, pequeñas (entre 2 y 2,5 cm de diámetro) y muy sencillas, cada una de ellas cuenta con solo 5 pétalos. Aisladamente no son rosas muy llamativas pero el gran atractivo de este rosal radica en su manera de florecer, las pequeñas rosas crecen agrupadas en corimbos (inflorescencias) de entre 15 y 30 cm de diámetro que pueden llegar a contener 100 flores cada uno. Es una planta muy vigorosa que emite fuertes tallos verticales llenos de espinas que le permiten anclarse a las ramas de los árboles y subir a una gran altura.

Si la especie tipo de este rosal es ya un arbusto fuerte, el cultivar 'Kiftsgate' es particularmente vigoroso y florífero. Forma ramilletes de flores perfumadas de hasta 45 cm de diámetro y tolera la sombra, algo necesario en un rosal trepador que crece encaramado a las ramas de los árboles. Del rosal original, el que crece en 'Kiftsgate' se dice que es el rosal más grande de Gran Bretaña llegando a medir 24 metros de altura, 27 de ancho y 15 de profundo. Según Anne Heather, propietaria y jardinera del jardín en la actualidad, comenta en su web que si el rosal no se podara regularmente podría causar las destrucción del enorme haya sobre el que crece.


En 1975, Elizabeth Coxhead, colaboradorada de la revista de la RHS dedicaba un artículo a Kiftsgate que por entonces solo había pasado por las manos de dos generaciones de mujeres jardineras (Heather Muir, fundadora, y Diany Binny, su hija) en el que hacía referencia al rosal. En el artículo titulado "El jardín de dos mujeres" aparecía el siguiente fragmento, cargado de significado:
"A pesar de los malos presagios sobre sus hábitos, los visitantes lo adoran y solicitan más esquejes enraizados de los que la señora Binny puede suministrar. Lo queremos para la entrada del garaje dicen alegremente, sin prestar atención a la advertencia de que puede que algún día no sean capaces de sacar en el coche.

Si alguna vez la casa y el jardín Kiftsgate caen en decadencia, la rosa Kiftsgate aprovechará la oportunidad y se convertirá en matorrales envolviéndolo todo como en un palacio de la Bella Durmiente."

Pero no es la única experiencia que he encontrado en la red sobre este rosal que se ha ganado por méritos propios el epíteto de "asesino". En su blog personal, Mindy, una jardinera escocesa con un jardín espectacular, nos cuenta su experiencia con el 'Kifstgate'. Las palabras que Mindy le dedica al arbusto son muy descriptivas:
"Junto con el tiburón blanco y el tigre de Bengala, la Rosa filipes 'Kiftsgat' debería ser temida por todos los seres humanos. Es depredadora y hambrienta, pero hermosa, como el tigre. Por eso la adoro, a pesar del peligro. No existe una rosa más reacia al control. Olvida la idea de poder guiarla correctamente sobre un edificio o un árbol pequeño. Puede que lo logres durante los primeros años pero después tendrás que luchar contra un cocodrilo."

Después de leer mucho sobre este rosal y conocer varias experiencias he llegado a la conclusión de que el rosal "Kiftsgate" es seductor y traicionero como el canto de las sirenas de Artemisa y si alguna vez lo veo buscaré un mástil al que atarme, como hizo Ulises, para vencer la tentación de plantarlo en mi pequeño jardín..., ¡por muy bello que sea!

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