Regalos Navideños




Seguro que por muchas casas ya habrá pasado Papá Noel haciendo las delicias de grandes y pequeños con sus regalos. A mi casa llegó, si, pero sólo trajo presentes para los más pequeños (que realmente ya no lo son tanto) y a los mayores nos dejó la sonrisa de ilusión dibujada en la cara de los jóvenes..., que no es poco.


Pero aunque no hubo regalo de Santa, entre nosotros nos organizamos para que a cada uno recibiera un pequeño detalle. El amigo invisible ya hace años que se instauró como tradición en la familia y yo tuve la fortuna de que mi amigo, mis amigos en realidad, se esmeraron y me obsequiaron con unos regalos monísimos.

Por Navidad llegó el primero y, mira por donde, me sorprendió con un objeto de casi de culto para un aficionado al jardín. Este precioso mini invernadero que poco tardé en llenar con algunas plantas y colocar en mi salón para deleitar mi vista. Justo delante de mi escritorio, así me inspiro observando las plantas mientras escribo estas líneas.




Este regalo se lo agradezco a mi sobrino Carlos, quien se informó bien de mis gustos y aficiones para sorprenderme..., ¡acertó!

Más tarde, por Nochevieja, llegó mi segundo amigo invisible y tampoco falló. Hay un objeto que me encanta para decorar: el espejo.  Conste que no soy de mirarme mucho en ellos y que sólo me pongo delante cuando me aseo por las mañanas, pero me gusta el modo en que amplían el espacio sin haberlo, parecen mágicos. Y ese fue el regalo de mi segundo amigo invisible, este bonito espejo veneciano que he colocado sobre mi cómoda.



En esta ocasión el agradecimiento es para mi sobrina Gabriela, que investigó para dar con el regalo perfecto.

¡Y dicen que todavía puede que pasen los Reyes Magos! Yo no necesito más, me siento dichosa con todo lo bueno que he recibido estos días con la compañía de mis seres queridos.

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