El jardín de Sorolla en su casa madrileña


La Casa Museo Sorolla en Madrid fue el hogar del pintor durante los años que residió en la capital española 


Hace unas semanas, en esta entrada, os hablaba del pintor Joaquín Sorolla y el escritor Vicente Blasco Ibañez. Ambos fueron artistas valencianos coetáneos de mi abuela materna y buscando información sobre sus jardines me vino a la memoria la historia que inspiró lo que escribí entonces.

Hoy me centro y retomo mi camino a la búsqueda de información de los jardines de estos dos artistas. Comenzaré por mostraros en esta entrada el que fue el jardín de la casa familiar del pintor, en la capital española. Una casa amplia con terreno que mandó construir cuando ya había alcanzado la cima del éxito y en la que vivió hasta el fin de sus días con su mujer, Clotilde, y sus tres hijos: María, Joaquín y Elena.

Historia

Nos trasladamos virtualmente a Madrid en la alborada del siglo XX. El Paseo de la Castellana comenzaba por entonces justo donde terminaba la ciudad y, aunque la alta nobleza prefería residir en sus palacios del centro de la capital, buena parte de la aristocracia y alta sociedad madrileña fijó su vista en esta zona que poco a poco se fue poblando con encantadores y señoriales palacetes. 

Niñeras y niños paseando por La Castellana a principios del siglo XX

Estas fastuosas mansiones fueron desapareciendo tras la Guerra Civil y, en aras del progreso y desarrollo, se sustituyeron por frías e inhóspitas torres de cemento. En el número 37 del Paseo General Martínez Campos queda una de las pocas muestras de lo que fueron aquellos palacetes, la vivienda familiar y taller de Joaquín Sorolla durante los últimos años de su vida.

La familia se trasladó a la casa en 1911, el edificio se ajustaba a todo lo que el pintor necesitaba: amplios estudios con luz cenital para trabajar, una zona doméstica de visitas lujosa y elegante, una zona privada reservada a su vida familiar y abundantes espacios de servicio.

Los jardines que la rodean fueron capricho del artista y se construyeron acordes a sus deseos con inspiraciones andaluzas e italianas repletos de vegetación, plantada por el propio Sorolla, que sin edificios altos alrededor, recibía abundante luz y florecía con exuberancia. 

La casa y su jardín son una obra más del artista, resultado de su arte y personalidad, que forma parte de nuestra historia y hoy en día recoge sus pinturas más personales, dibujos, utensilios de trabajo y sus colecciones de cerámica y escultura. La viuda de Sorolla, en su testamento, legó al Estado la casa para ser convertida en museo.

El Jardín

El jardín de la casa de Sorolla se divide en tres espacios claramente diferenciados. 




El primero es el jardín de entrada, que da acceso a la vivienda y tiene un marcado carácter de patio sevillano. Inspirado por los jardines de los Reales Alcázares de Sevilla abunda en él la azulejería y no falta el agua y los tiestos repletos de geranios.  La fachada de la casa tiene el característico color albero.

El segundo jardín, al que se accede desde el anterior, es de inspiración granadina. Al verlo nos viene a la memoria el Patio de la Acequia del Generalife, con una fuente rectangular llena de surtidores a ambos lados. Encontramos rasgos eclécticos de aire italiano en la columnata del fondo y algunos bronces pompeyanos enclavados en su perímetro. La vegetación en esta zona es frondosa y abundante, con muros cubiertos de hiedra y árboles que proyectan una sombra densa.




El tercer jardín da acceso al taller del pintor desde el exterior y parece creado para que las visitas esperaran plácidamente o para reunirse en un entorno fresco. En este espacio hay dos claros puntos de interés completamente dispares en su estilo. Por una parte una alberca sevillana decorada con la Fuente de las Confidencias y por otro una pérgola adosada al muro exterior de columnas italianas bajo la cual se encuentra un busto del pintor paleta en mano.




Entre la vegetación que hay en el jardín destacan árboles frutales, hiedras, buganvillas, rosas, geranios, adelfas, alhelíes y mirtos. Gran parte de estas plantas fueron plantadas originalmente por el pintor y aunque el jardín se tuvo que restaurar para reconstruir el sistema de desagüe, todas las plantas sanas, aunque añejas, se repusieron en sus emplazamientos originales. 

Los cuadros de su jardín

Sorolla disfrutaba retratando en el jardín, igual pintaba retratos de personas como imágenes de las plantas, sentarse a la sombra de la pérgola o de una sencilla sombrilla a pintar era una de sus aficiones preferidas durante la última década de su vida. Su gran inspiración siempre fue la naturaleza. En sus obras se aprecia la luz y el color de las flores que llenaban su jardín y casi se puede escuchar el sonido del agua en las fuentes. 









En julio de 1920, bajo esa misma pérgola, pintaba este retrato de Mabel Rick Pérez de Ayala (mujer del escritor asturiano Ramón Pérez de Ayala) cuando un ataque de apoplejía le (nos) arrebató el milagro de sus pinceladas. 

Personalmente no conozco el museo ni el jardín, sé por referencias que es un lugar maravilloso que vale la pena visitar y con ello cuento en mi larga lista de lugares para ir. Mientras, lo más que he podido disfrutar de este espacio, es la visita virtual que hay disponible en la página del museo y a la que puedes acceder desde este enlace.

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1 comentarios

  1. ¡¡Qué interesante que nos haya dejado cuadros de su propio jardín!! me encanta porque se ve cómo era antes. Justo este diciembre pasado he visitado ese lugar y la verdad es que tiene algo especial. ¡Un post interesante, gracias!

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