Mi jardín, en un recién estrenado invierno

¡Buenos días, amig@s! Hoy estrenamos otro invierno más. En el jardín se nota ya el frío, pero el frío en el litoral mediterráneo no es riguroso y muchas plantas siguen floreciendo alegremente. Hace a penas tres días llovía, el verde de los arbustos se ve apagado cuando está nublado y llueve. No hay sombras ni brillos para pronunciar los contrastes, y la poca luz que llega a las hojas se refleja en las gotas de agua que se han depositado en ellas. 








Las hojas de la glicinia amarillean, están a punto de caer y es el momento oportuno de podar las ramas para controlar el crecimiento y que el próximo año la planta crezca con el porte deseado que, en mi caso, es bastante reducido.




Las abelias ya perdieron hace tiempo sus flores, pero los cálices persisten en los extremos de las ramas y su color rojizo embellece la planta. 



Junto a la abelia, en otra gran maceta de la terraza, el liquidambar se ha despojado ya de todo su follaje. Tan solo quedan los frutos colgando de las ramas y otorgándole un aspecto muy navideño. Siempre que los miro me parecen adornos de Navidad. En la base sobreviven dos plantitas de alegría desde la primavera del 2013, se deben sentir a gusto al abrigo del árbol y con la compañía de las violetas. No veréis ahora las violetas, serán las que estrenen la primavera, de momento sólo podréis ver las hojas de la planta.



La nandina doméstica también ofrece una estampa navideña. En ella se mezclan los colores y las texturas de los viejos tallos con los nuevos. Un pequeño fruto rojo coincide con las nuevas flores que ya se están formando. 



Durante el fin de semana ha lucido el sol y el contraste de colores se ha hecho más evidente. Mientras las hojas de algunos arbustos se tornan de color rojizo, en otros destacan las flores malvas o amarillas y en el rosal, alguna rosa compite con el profundo carmín de los escaramujos.

Las flores amarillas (casi chillonas) del aeonium arboreum.





Más amarillo en los euryops


Malva en las delicadas flores de duranta, un poco ajadas por la lluvia



La poligala, esforzándose en florecer. Igual la que tengo en una maceta junto a la entrada de casa, como la que está en tierra en el jardín.





El jazmín es un incansable que aguanta lo que le eche. Ni el frío ni el calor, ni las podas drásticas que se lleva de vez en cuando le hacen desfallecer. En pocos días una rama surge como de la nada y comienza a regalar flores. Lo cierto es que está muy bien orientado, con sol casi todo el día y en una de las zonas con más profundidad (de suelo) del jardín.


En las zonas mas bajas del jardín no llega a entrar el sol en invierno. Ahí son las cintas, con sus hojas variegadas, y el teucrium, de follaje grisáceo, los que se encargan de aportar un poco de contraste.




Y por último aparece en escena este rosal, valiente como ninguno, que a pesar del frío que hace, le basta el agua de lluvia y unos tenues rayos de sol para obsequiarnos con sus pequeñas rosas. Estas flores son de un rojo anaranjado muy cálido y brillante cuando surgen en primavera y verano (podéis verlo aquí). Ahora, con frío, el tono es más apagado. Destacan mucho más los escaramujos, que son más propios de esta época del año.







Relacionado

2 comentarios

  1. Precioso Mónica!! Casi me despisto y no veo el post...
    Me encantan esos Agaves atenuatta, aisss...qué lástima que el frío no me deja cultivarlos, creo que son tremendamente esculturales!!
    Un beso y felices fiestas!!

    ResponderEliminar
  2. Gracias por tu visita Yolanda. Felices fiestas!!!

    ResponderEliminar

Puedes comentar o sugerir cualquier cosa, procuraré contestar lo antes posible.

Gracias!

Instagram @guiadejardin

Archivo del blog

Subscribe