De vuelta en casa (o el final de unas vacaciones de ensueño)


No queríamos que agosto terminara nunca, ha sido un mes maravilloso, lleno de momentos divertidos y felices y con un viaje fantástico a la costa este de Estados Unidos para visitar a nuestra familia. Han sido tres semanas recorriendo varias ciudades de aquel país, con una cultura parecida a la nuestra en determinados aspectos, pero totalmente distinta en otros. El poder contar con la compañía de nuestros seres queridos  ha sido una gran suerte, pues nuestra estancia allí no ha sido la de meros turistas. Desde aquí les envío un beso muy fuerte.




Vengo cargada de cientos y cientos de fotos de las que os mostraré algunas en próximas entradas. Comenzamos viajando hasta Nueva York para "turistear" unos días por la Gran Manzana: museos, compras, descansos en Central Park, paseo en ferry para visitar a "Liberty Enlightening the World" (nombre oficial de la Estatua de la Libertad), etc. Procuramos cumplir bien como turistas y no dejar sin ver ninguna de las atracciones que esta ciudad pone a nuestra disposición.


Tampoco faltó la excursión de rigor a la "capi", en bus. Porque eso de que el autobus es un mal medio de transporte en USA es puro bulo, funciona tan bien como en nuestro país, sin retrasos ni retenciones (aunque fuimos previsores y procuramos que la hora de llegada no fuera hora punta de entrada a Washington).


Washington me pareció una delicia de ciudad, sobre todo comparando con el sucio centro neoyorkino. A ver, Nueva York es precioso, impresionante, imponente..., pero la 7º Avenida y Broadway a la altura de Times Square huele a carrito de Hot Dog y Kebab. Eso sí, es Agosto, hace calor y está a parir de turistas.


Hablemos de nuevo de Washington. Una ciudad preciosa donde me quedaría a vivir sin problemas (¡por fuerza aprendería el idioma!), pero a la que solo podíamos dedicar un par de días. Nos pareció suficiente visitar el National Mall (que reune el Memorial a Lincoln, la casa blanca, y otros monumentos), el cementerio de Arlington y el Museo Aeroespacial. Con esto y lo que te mueves por el centro para salir a cenar y volver al hotel, te llevas una buena idea. Calles amplias, luminosas y admirablemente limpias.


Y tras una semana vagando como turistas españoles en tan cosmopolitas urbes, tomamos de nuevo el avión para volar a Navarre, una de las playas más bonitas de Florida. Aquí es donde residen nuestros familiares y donde nos esperaban con los brazos abiertos. No hay palabras para describir lo bien que nos hicieron sentir, se merecen un GRACIAS bien grande y mucho más. Además de poner su casa a nuestra disposición nos llevaron a todos los lugares que deseábamos visitar, e incluso nos sugirieron sitios que sabían nos gustarían.



De manera que, además de la playa y las aguas del Golfo de Méjico, atravesamos Mississippi para viajar hasta Louisiana y conocer New Orleans e incluso nos trasladaron al estado de Alabama para degustar un fabuloso almuerzo en un restaurante al más puro estilo country. 


Conocimos parte de la fauna autóctona del lugar: cangrejos blancos como la arena coralina de la playa, delfines que subían a la superficie del mar, una tortuga que emergió para saludarnos durante un pequeño crucero marino, gaviotas y pelícanos, caimanes que nos acompañaban durante nuestra travesía por las aguas pantanosas del Mississippi, mapaches que se acercaban a la orilla a curiosear y algunos bichejos de los que también tenemos ejemplares en Europa, pero son realmente diferentes.







Hoy poco más puedo añadir. Comienza la "vuelta al cole", con los chicos ya centrados en el nuevo curso tendré más ratos para hablaros de mis vacaciones y publicar nuevos posts de jardinería. Esta temporada arrancaremos con novedades de las que ya os iré hablando, pero la principal es que María, mi hija (universitaria ya, ¡¡¡guau!!!) se incorpora para llevar la parte del diseño del blog

También os mostraré pronto una nueva herramienta gratuita para diseñar online desde el movil o la tablet, muy útil para cuando te vas de vacaciones y no te llevas el ordenador. En los ratitos libres, en vez de jugar a Apalabrados o al Candy Crush, te pones a diseñar tu terraza..., ¡mira qué bien!



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